miércoles, 26 de enero de 2011

1º Parte..

La mujer rió ante la ignorancia de aquél muchacho. “¿Cómo pudo llegar tan lejos y tener tan pocos conocimientos?” se preguntó a si misma “Imposible saber” respondió para ella el espíritu que siempre la acompañaba. Recostada sobre la columna miró al joven que osaba penetrar sus dominios. Técnicamente no eran sus dominios, pero en aquél lugar al ser ella la guardiana de la puerta entre ambos mundos la nombraron “La emperatriz de Faghtel”.

– ¿Por qué deseas cruzar? – preguntó ella.

– Porque hay alguien con quien debo encontrarme. – respondió él.

La mujer pudo ver el brillo de sus ojos. El chico estaba diciendo la verdad. Él tenía un propósito y los cielos le permitían pasar. Solo aquellos con el valor para enfrentar lo desconocido y la determinación de su deber tenían el honor de enfrentarse ante la damisela. Muchos hombres habían intentado pasar, pero solo aquellos elegidos lograban que las puertas de la antigua iglesia se abriesen. El solo hecho de que él se encontrase ante ella significaba que tenía el derecho a traspasar.

“Nada vivo debe cruzar nunca este umbral,” – repitió ella las órdenes que tenía ante el muchacho.

“No a menos que se trate de aquellos que he elegido” – terminó la oración él.

“El joven no es ningún tonto” pensó para sus adentros la hermosa dama. “Pero no conoce los misterios de mi mundo” dijo algo disgustado el espíritu, la dama nunca había mostrado interés en nadie, nadie aparte de él. No le gustaba.

– Puedes pasar, pero tendrás que decirme tu misión. – dijo ella mientras saltaba por un hueco desde el segundo piso.

Cayó limpiamente luego de hacer una vuelta en el aire y se recostó ante la entrada al otro mundo. “Una simple puerta vieja” pensó el joven. Ella frotó un poco la entrada y miró como su acompañante se limitaba a flotar hasta su lado. Hizo ademán de tapar la entrada pero se movió ante una simple mirada de la mujer. No le temía, le amaba, ella siempre cuidó de él – un simple condenado –. No le gustaba aquél muchacho, olía a problemas. Los problemas no le agradaban al espíritu, ya que trataba de ser pacifista por amor a la doncella.

“Cuando me dijeron que tendría que enfrentarme a una mujer de más de 2500 años de edad no me imaginé que se vería tan joven. Largos cabellos dorados, una piel que irradia una pureza como nunca había visto. Es esbelta y alta, y tan solo armada con una espada. No lleva siquiera armaduras. Seguramente con los años de práctica no debe necesitarla” pensó para si mismo el muchacho mientras la miraba moverse.

“Es joven, sí, pero sus ojos irradian la sabiduría de mi señor. Si él ha decidido que es digno de cruzar no he de molestarme en probarlo. Parece haber entrenado para la batalla, aunque lleva más armadura de la que puede cargar, con todo ese peso debe ser tan lento como una tortuga” pensó la mujer. “Seguramente solo ha practicado con un maestro y nunca se enfrentó contra alguien en una real y feroz batalla” Le susurró al oído otro espíritu que acababa de aparecer. Ella odiaba cuando inesperadamente cruzaban almas desde el otro mundo para reencarnar en ese, aunque aquél día era especial. Había pasado al menos un milenio desde que alguien vivo entraba. Ella le indicó el camino al anciano que estaba casi sobre su hombro. El hombre obedeció y abandonó la iglesia en busca de su nuevo cuerpo.

Los extraños movimientos de la joven no alarmaron al muchacho en lo más mínimo. “Esa iglesia es el puente de las almas, y quien cuida ese lugar probablemente pueda verlas. Presta atención y solo responde si estas seguro de que se dirige a ti” le había aconsejado su maestro. La observó mientras hablaba en otro lenguaje con alguien invisible que debía de estar a su lado. La doncella se movía delicadamente, de la misma manera que les había visto hacer a las muchachas de su pueblo, pero esa mujer que tenía frente a él, al mismo tiempo en que era fina y suave con su cuerpo, tenía una velocidad casi inhumana. Algo en ella le atraía. Era como si la conociese desde hacia años y a la vez desde hacia segundos. “Probablemente nos habremos encontrado en otra vida” intentó explicarse a si mismo el por qué de aquella familiaridad para con esa mujer.

La doncella y el espíritu de decidieron abrir si aquél joven poseía alguna señal, entre sus recuerdos o físicamente, que demostrase él era uno de los elegidos. Las guerras en Faghtel se estaban volviendo algo peligrosas, no sería raro que su amo y señor mandase algún mágico salvador.

– Muéstrame tu deber. – dijo finalmente la mujer mientras se acercaba al muchacho.

El chico no se inmutó, permaneció en su lugar mientras ella hurgaba entre sus recuerdos. Pasaron algunos eternos momentos hasta que ella encontró lo que buscaba. Un simple sueño. Un sueño que relataba una historia. La historia del muchacho. Él debía encaminarse junto con ella hasta el reino de Grydo. Juntos llegarían a un acuerdo con la nación y entre algunas guerras evitarían la total destrucción. “Necesitaré un reemplazo" pensó ella mientras en su mente buscaba alguien situado para la tarea. “No tienes que preocuparte, él ya está aquí” dijo el espíritu.

Al tiempo que ella se daba vuelta un hombre abría las puertas. Las extrañas marcas en su cuerpo y las alas en su espalda la convencieron. Él era su reemplazo. Frederic se haría cargo de todo, y lo haría eficazmente.
La doncella subió un piso y tomó el único bolso que tenía. Se lo colgó al hombro y bajó pensativa. Recordaba todas y cada una de las rutas probables, pero la más segura era la más larga. “Con el hombre de hojalata nos tomará al menos dos años” pensó para sus adentros.

– No hay tiempo que perder. – dijo ella una vez que se encontraba frente al umbral. – Te acompañaré.

El joven obedeció. Había algo familiar en esa situación, ambos lo notaron. El muchacho la siguió y ella lo guió hasta el mundo contiguo, aquél que él desconocía.

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